El agua es un derecho, no una lotería
Abrir el grifo y no saber si habrá agua no puede ser la normalidad de un cantón que crece como Daule. En La Aurora, por ejemplo, donde se concentran miles de familias y más de un centenar de urbanizaciones, los cortes y la inestabilidad del servicio golpean la vida diaria y el bolsillo. Esto se refleja desde la ducha que no ofrece agua hasta el negocio que pierde ventas. Eso no es progreso, es abandono.
Hablemos claro. El acceso continuo y seguro al agua potable es una obligación del Municipio y de la operadora que administra la red. Porque si la ciudad crece, la infraestructura debe crecer a la par. Si falla, se corrige. Y si no se corrige, se sanciona. Así funciona un gobierno que se respeta y respeta a su gente.
¿Qué pasa hoy con el agua en Daule?
Lo primero que se observa son los cortes reiterados por roturas y presiones mal calibradas. Una red sin sectorización fina y sin válvulas bien puestas es una red frágil. Y de esa forma se rompe una línea y se cae medio sector. Entonces, eso no es “mala suerte” es falta de ingeniería y mantenimiento preventivo.
Lo segundo que nos afecta es el agua turbia tras eventos climáticos. Ya sabemos que el río Daule puede traer sedimentos en temporada de lluvias, pero una planta robusta con reservas, dosificación automatizada y protocolos de contingencia aguanta el pico sin apagarle el servicio a los vecinos por días. Culpar al clima puede ser una salida fácil, pero lo que se necesita es gobernar bien.
Por último, el déficit de gestión operativa y comunicación. Cuando la gente se entera del corte debido a rumores o noticias voz a voz, se presenta un problema mayor que el tubo roto, que es la ausencia de un sistema de información en tiempo real con avisos por sector y tiempos de reposición.
¿Quién responde?
En La Aurora, la operadora privada Amagua administra el servicio bajo un contrato con el Municipio de Daule. Entonces, la concesionaria debe garantizar continuidad y calidad. Por otra parte, el Municipio debe fiscalizar sin pestañear y aplicar sanciones si no se cumplen los estándares. La gente no tiene por qué cargar bidones mientras unos se pasan la pelota.
La ruta que propongo es sencilla. Necesitamos auditoría técnica independiente, publicación de indicadores de servicio y un cronograma de mejoras con metas mensuales verificables por sector. ¿Qué pasa si no se cumple? Procedemos con la multa. Un contrato sin estrategia es solo propaganda. En cambio, un contrato con penalidades claras es defensa del bolsillo e integridad del ciudadano.